Page 177 - Limbo - Bernard Wolfe
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los períodos de tranquilidad, los interregnos,
cuando nadie tiene ningún uso para la agresión.
El problema quirúrgico, pues, era el de liberar las
cadenas pacifistas de modo que no pudieran ser
inmediatamente bloqueadas por las violentas en
el momento en que algún EMSIAC hiciera sonar
las trompetas.
Tan pronto como se lo hubo planteado de esta
forma a sí mismo, vio que no se trataba de un
problema quirúrgico: nadie podría saber nunca lo
suficiente acerca de esos contrarios en el cerebro
como para amputar uno sin mutilar al otro. Quizá
la verdad fuera que uno no podía extirpar la
ambivalencia del organismo humano sin extirpar
todas sus células, una por una. Así que había que
descartar los cuchillos. No podía hacer otra cosa
más que coser de nuevo a Caradeniño y dejarlo
libre para que acudiera al encuentro de más
presas como París. El no era Dios, era tan sólo un
remendón. Había de ser un Helder como para
creerse Dios...
Aquella noche no pudo dormir; sus ojos se
negaron a cerrarse, aunque le dolían de
cansancio. Durante tres o cuatro horas miserables
permaneció sentado acurrucado en su camastro,
escuchando a EMSIAC cliquetear allá delante,
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