Page 253 - Limbo - Bernard Wolfe
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temblorosas quinceañeras hasta las matronas de
ojos tiernos. Por la forma en que paseaban esos
amps, por su aire de tener todo el tiempo del
mundo en sus manos de plexiglás (o de lo que
fuera), era fácil deducir que los tetras, al igual que
muchos de los tris e incluso los bis, tenían poco
trabajo cotidiano del que ocuparse: era la clase
holgazana.
Una vez se le ocurrió a Martine esta idea,
encontró pruebas para apoyarla en todas partes.
Aquellos que realizaban los trabajos más serviles
—subir y bajar los toldos en las terrazas de los
restaurantes, atender detrás de los mostradores,
accionar los ascensores, conducir autobuses y
taxis— eran no‐amps; la mayor parte de ellos, de
hecho, eran mujeres, y muchos también eran
negros.
De modo que quedaba claro: había una escala
de status con una cuota de élite cuidadosamente
medida en la que cada cual ocupaba su peldaño
correspondiente. Todo lo cual, a decir verdad,
había sido cierto también en lo que al pueblo de
Martine se refería, al menos durante tanto tiempo
como podía recordar. Pero en los tiempos pre‐
Immob las señales de clase social eran diferentes.
Había muchos indicadores estándar del grado de
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