Page 252 - Limbo - Bernard Wolfe
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Empujó las puertas giratorias, y un momento



            más tarde parpadeaba ante la deslumbrante luz


            del sol en el exterior. Había amps por todas partes


            en  los  bulevares,  todos  ellos  jóvenes,  la  mayor


            parte  en  su  veintena.  Muy  pocos  hombres  con


            todos  sus  miembros  tenían  menos  de  cuarenta


            años,  y  esos  pocos  parecían  estar  llevando  la


            insignia  escarlata  de  una  tremenda  torpeza:



            tenían  invariablemente  un  aspecto  abrumado,


            acosado, defensivo, que sugería que gozaban de


            mala reputación y lo sabían, captaban el desdén


            que  se  volcaba  sobre  ellos  desde  todos  los  ojos


            mientras avanzaban con la cabeza baja. Aquellos


            herejes  no  truncados  eran  obviamente  los


            trastornados  —¿prófugos?  ¿anti‐Immobs?—  de


            aquel lugar.



                  Primera  observación:  un  hombre  con  sus


            propias  piernas  no  podía  caminar  por  allí;  si


            pasaba de los cuarenta era un senil, si estaba en


            los  veinte  o  en  los  treinta  era  un  paria.  Y  del


            mismo  modo  era  evidente  que  aquellos  que



            tenían  el  número  máximo  de  miembros


            artificiales poseían lo que, a falta de una palabra


            mejor, podía ser llamado el mejor status social: los


            tetra eran contemplados casi con adoración y con


            palpitante ansia por todas las mujeres, desde las



                                                                                                      252
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