Page 254 - Limbo - Bernard Wolfe
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status de cada cual, desde el consumismo y la
blancura del cuello de la camisa hasta el indicador
de la forma de la nariz y la generación en la que
los antepasados de uno habían abandonado el
hambre y las penurias de Europa para emprender
el camino a las tierras prometidas del oeste.
Ahora todo era mucho más simplificado, parecía
haber un solo y espectacular indicador de status:
el número de brazos y piernas de plástico
exhibidos. El llamativo consumo había dejado
aparentemente paso a la llamativa mortificación
de la carne periférica (una vieja y buena práctica
americana), a la llamativa mutilación (¿pero
dónde localizar las glándulas mutiladas en la
anatomía humana?) Y antes de mucho rato
Martine observó algo más. Aquellos acertijos de
acera de sahibismo y parianismo se desplegaban
en una atmósfera cargada de eslóganes. Había
eslóganes por todas partes, asaltando los ojos y
los tímpanos; bramaban desde los altavoces,
estaban escritos en los edificios, en las fachadas de
las tiendas, en los camiones de los periódicos, en
los sombreros y pañuelos y vestidos de las
mujeres, en los alfileres de corbata y en las joyas,
en las pancartas que cruzaban los bulevares como
los carteles de propaganda de las elecciones que
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