Page 251 - Limbo - Bernard Wolfe
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músculos tan tensos que le costó tragar el café. La
palabra «apisonadora» se le había quedado
atravesada. ¿Por qué diablos encontraba esa
absurda frase enfrentándosele en todos lados, por
qué diablos se le ocurrió aquella otra frase no
menos estúpida, «vas a comerte tus palabras»?
¿Por qué tenía los labios resecos y la garganta
cerrada? Corrió la silla hacia atrás y salió del
comedor, sin echarle un nuevo vistazo al
periódico.
Cuando volvió a entrar en el vestíbulo se
encontró cara a cara con la muchacha morena: se
había trasladado a otro sillón que miraba hacía la
puerta del restaurante. Se dirigió a la peluquería
y se hizo cortar el pelo. Veinte minutos más tarde,
cuando salió, ella seguía aún allí, dibujando.
Ahora ocupaba un sillón desde el que podía
observar fácilmente la entrada de la peluquería.
Sintió tentaciones de deslizarse tras ella y
contemplar lo que estaba dibujando, pero decidió
que sería una pérdida de tiempo, a menos que
pretendiera seguir adelante con algún tipo de
aproximación. Pero el doctor Lazarus no era ave
de ese tipo de presas. No podía serlo. Y
probablemente tampoco se estaba perdiendo
mucho.
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