Page 366 - Limbo - Bernard Wolfe
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por un mendigo mutilado que le presenta un
platito de estaño; o vuelve la vista a un lado, o le
lanza al desgraciado una moneda para quitárselo
apresuradamente de delante y no volver a verle
ni siquiera en su conciencia. Sin embargo, el
mismo hombre normal, intacto, olvidará a
menudo sus reacciones autoprotectoras si el
mismo mendigo se le planta ante él no como un
derrotado, sino con el disfraz de un santo (Cristo)
o de un artista (Rimbaud) o de un jefe político
(¿Helder?)... Entonces, sorprendentemente, este
hombre normal se humillará sin dilación.
Evidentemente, algo le ha ocurrido a sus
defensas, puesto que se le aprecia profundamente
conmovido, impulsado por su pánico a unas
oscilaciones tan abrumadoras que no es capaz de
reconocer al solicitante como el mismo astroso
mendigo de la otra vez, ahora oculto por una
diferencia minúscula y tendiéndole un platillo
mucho más estilizado... un platillo que alguna
magia infernal disfraza como un regalo del
pedigüeño al solicitado. ¿Por qué este asombroso
cambio psíquico en el hombre normal ante el
fanático mutilado, la desintegración de todas sus
defensas psíquicas, el apresurado paso de la
desdeñosa retirada a la casi adoradora
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