Page 363 - Limbo - Bernard Wolfe
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satisfecha superioridad se vuelve demasiado
incómoda —la ética de la vida en común requiere
que uno sienta compasión por los infortunados,
no que se muestre superior a ellos—, el
observador cubre todas las ansias y contraansias
con una buena capa de educada simpatía. Esta
actitud estereotipada de simpatía, finalmente,
dictada por la sociedad, permite una cierta
identificación original a fin de ser descargada
subrepticiamente. En pocas palabras, uno se
convierte en el mutilado, luego se revela como un
ser profundamente distinto al pobre individuo, y
finalmente se muestra educado pero distante al
compadecerle... mientras siente secretamente que
es un poco como él después de todo. Porque su
simple presencia agita las más profundas
añoranzas de uno, y lo hace arrastrarse
finalmente hasta el seno materno y acurrucarse
confortablemente allí, para que el universo se
haga cargo de él ahora, como en el principio
paradisíaco, temblando bajo el latigazo de la
imperiosa voluntad de uno, aterrorizado por cada
anhelo propio.
¿Pero supongamos que el mutilado no sea a
todas luces víctima de una desgracia?
¿Supongamos que queda totalmente claro que
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