Page 415 - Limbo - Bernard Wolfe
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maldición.



                  Entonces, por primera vez, observó una gran


            oficina  en  el  primer  almacén,  festoneada  con


            guirnaldas  y  llamativos  gallardetes.  Era  una


            oficina de reclutamiento, pudo ver sobre ella el



            gran cartelón que anunciaba: ¡La Raza Humana


            TE  necesita!  Elude  la  apisonadora  Inscríbete


            ahora para Immob y er la parte delantera de la


            ofina  había  una  hilera  de  jóvenes,  aguardando


            para poner sus firmas en un libro registro. Todos


            ellos parecían divertidos, sus pensamientos muy


            distantes  como  suelen  estarlo  a  menudo  los


            pensamientos de los hombres en el momento de


            las grandes e irrevocables decisiones; había algo



            robótico, «Ello» propulsado, en la forma en que


            avanzaban y en su actitud ausente cuando cada


            uno tomaba la pluma ofrecida por una sonriente


            muchacha de pelo rubio. Uno de los solicitates,


            observó  Martine,  permanecía  en  la  cola


            contemplando  sus  manos,  examinándolas  como


            maravillado...  fascinado,  sin  duda,  por  el



            espectáculo de unos apéndices que, como uno de


            sus últimos actos en el mundo, iban a firmar sus


            propias confesiones moscovitas y su sentencia de


            muerte.


                  Automáticamente,  los  ojos  de  Martine



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