Page 499 - Limbo - Bernard Wolfe
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debido a que todo aquello no tenía para ella la
menor importancia... mientras que él, incluso en
sus días más lanzados de autoafirmación, nunca
había sido capaz de tomarse aquellas cosas con
indiferencia. Cuando la mujer se anunciaba tan
ostentosamente, lo que tenía por ofrecer era
menos una exquisita comida de gourmet que un
rancho de caridad. (Por otra parte, la reluctancia
no podía atribuirse a una norma de conducta
superior. Irene se mostró siempre reluctante, pero
sólo porque ella no le deseaba, no quería que él
descubriese tan pronto que sus momentos de
amor eran únicamente un conjunto de viejas
artimañas, de falsas expresiones disfrazadas de
caricias eróticas.) Lo que él deseaba de ella no era
una frialdad, seguro, sino alguna profunda
consciencia, un aire de discriminación, de tal
modo que un hombre pudiera tener la sensación
de que era elegido a causa de algún atributo
especial y que él, de alguna forma, a través de ese
atributo especial, había forzado la elección... que
el acto no era enteramente una cosa mecánica que
podía ser realizada igualmente bien y con
idéntico significado, o falta de él, por partes y
grupos intercambiables. Martine se estremeció:
recordó una muchacha de Greenwich Village que,
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