Page 616 - Limbo - Bernard Wolfe
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¿a quién hay que echarle la culpa? No importa de



            cuántas Rosemary vayan detrás... Pero oh Dios,


            oh  Dios,  ¿no  pudisteis  detenerlo?  Hubierais


            podido  intentarlo.  Quizá  hubierais  podido


            retenerlo antes de que llegara el doctor...



                  No  había  forma  de  sacar  nada  en  claro:  se


            desmoronó y lloró, todo era demasiado tarde. No


            había forma de llegar hasta ella y confortarla en


            aquel  mar  de  algas.  Su  cuerpo  se  agitó  con  los


            sollozos, las aguas remolinearon.


                  —Delira, de acuerdo —dijo el doctor, a través



                  de las burbujeantes aguas.


                  —Quizá se tranquilice si duerme un poco —


                  dijo Irene.



                  —Le daré una inyección. Lo calmará.


                  El  doctor  extendió  su  mano,  una  aguja


            hipodérmica  en  ella.  Hizo  una  seña  a  los


            enfermeros, éstos flotaron a cada lado mientras el



            doctor se acercaba. Las dos mujeres se acercaron


            también nadando, su madre a la izquierda, Irene


            a la derecha.


                  —¡No! —gritó Martine—. ¡Nada de tapioca en



            mis venas, absolutamente no! ¡Ya hay demasiada


            rota  en  el  flujo  sanguíneo,  demasiada  robo‐


            conducción y escalpelos! ¡Casi maté a Neen por


            menos  de  eso,  se  lo  advierto!  ¡Si  quieren

                                                                                                      616
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