Page 901 - Limbo - Bernard Wolfe
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grandeza megalomaníaca de la casa‐cuna, las
ilusiones de omnipotencia del niño lactante, sólo
hay un único significado... la voluntad de
truncarse a sí mismo, reducir su humanidad,
morir. Llámese a esto Espejismo del éxtasis de la
santidad, Brahmán, Yoga, Vedanta, Tao, Immob,
lo que se quiera: es el mismo instinto de muerte,
abrumador y antiguo. Y así es la aroñaranza
comunista por el olvido de la masa proletaria, o la
añoranza americana por el olvido de la masa
jonesiana, y todo ello por las mismas razones.
Todos los caminos de evasión de la capa exiliante
de la piel cantan y firman la sentencia de muerte
del «Yo». La gente tiene miedo a plantarse sobre
sus propios pies, a vivir con la imposible tensión
angustiada de la plena humanidad.
—Claro —dijo Martine—. Un hombre
realmente adulto simplemente no encajaría en un
cochecito de niño. Para hacerlo tiene que cortarse
brazos y piernas.
Pero había un modo de perforar el telón de
acero propio de cada uno... fugazmente, un
orificio desesperanzadoramente diminuto, pero
suficiente: amar a otra persona, sentir
genuinamente amor, con toda su carga de
ambigüedades e ironías. Un delgado Guión, pero
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