Page 906 - Limbo - Bernard Wolfe
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—Yo sí —dijo Martine—. Demasiado.
El sol estaba en su cabeza, una bola
incandescente. La luz se derramaba en sus ojos...
en otro sombrío cubículo, una destartalada
cabaña. Allí, en la oscuridad, rodeado por
pinturas de retorcidas montañas y figuras de
caoba, con genitales en forma de colmillo, sobre
un colchón de espuma de caucho, un hombre
hacía el amor a una mujer. Y eso era bueno... pero
el hombre no sabía lo bueno que era. Porque
estaba hundido en un maraña de palabras, entre
él y la mujer existía una pantalla de humo hecha
de palabras. Generadas por su propia cabeza
intranquila, una nociva niebla literaria para
corromper el acto. Palabras acerca del acto del
amor que la experiencia transmutaba en
maniobras... palabras sobre el paso de los «Ellos»
y de los «Yo», de vagar a conducir, de lo hecho a
lo por hacer... palabras que se impulsaban a sí
mismas, desagradables, que el hombre debería
devorar algún día: que, Martine lo veía ahora por
primera vez en su vida, en el más terrible
momento de su vida, estaba devorando. Ya que
todas las palabras, y todas las débiles imágenes
que asomaban tras ellas, habían nacido de un
exagerado sentido del exilio y de la amenaza de
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