Page 905 - Limbo - Bernard Wolfe
P. 905
desvalido niño miembro tras miembro,
celebrando un festín con su chorreante carne: ¡la
caverna estaba vacía! La caja de Pandora había
sido meticulosamente saqueada antes de haber
sido abierta. Excepto... en el rincón más oscuro,
dominando el silencio con su petulante voz, en
una canastilla... un hombre‐ niño haciendo
pucheros. Desmembrado: por voluntad propia.
Castrado: por voluntad propia. Y afuera, al sol,
los bailarines, con sus sonrisas espirituosas y sus
oscilaciones absurdas... Nadie sospechaba nada
de aquello. ¿Quién es empírico con relación a los
mitos, quién investiga las pesadillas? ¿Qué Jo‐Jo
pone en orden sus propios circuitos perturbados
de alimentación? El templo‐caverna estaba vacío.
Ese Limbo había existido, con sus lobregueces
locas y chorreantes de sangre, con sus lamentos,
con su oscilante hermetismo, pero sólo en la
cámara de los ecos, detrás de las aprensivas
pupilas, el Alucinador que se esconde debajo del
cráneo. Esta no era la Ciudad de Dios. Era la
ciudad del perro‐dios, del doG‐God, aún no
introspectiva, envuelta en una mantita azul
rodeando el cráneo...
—Maldito sea este sol —dijo Theo,
parpadeando—. No puedo ver nada.
905

