Page 907 - Limbo - Bernard Wolfe
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dicho  exilio:  de  la  necesidad  de  conseguir,  de



            conquistar  todo  el  exterior  de  la  propia  piel  de


            uno,  de  traer  hasta  sus  pies  el  no‐Yo.  Y  esta


            beligerancia  era  lo  que  envenenaba  el  sexo  con


            agresión,  convertía  la  mano  acariciarte  en  un


            puño cerrado... y sin ello, sí, sin ello, era posible,


            sólo escasamente posible, que el amante, en vez


            de  ser  deudo,  actor,  fuerza,  forcejeo,  impulso,



            pudiera  ser  simplemente  todo  lo  opuesto...  la


            aguda egolatría del sentir, el abandono, la única


            gran posibilidad de avanzar desde el impulsor al


            impulsado... el único y supremo dar. El orgasmo,


            en cierto modo, podía ir más allá del triunfo, del


            hacer,  y  convertirse  en  ceder,  invertirse.  Sin


            egoísmos, Ego sin Agape, el egoísmo podía ser de


            momento eludido... el egoísmo que hace del bien


            amado  un  objeto,  una  cosa,  «una  suave



            mercancía».  Aunque  quizá  fuera  imposible  de


            este modo. En una plena inmovilización, el caso


            de la canastilla ambulante, aquello era la muerte.


            Pero  había  que  tender  hacia  ello,  ir  hacia  ello...


            todo lo demás era un juego de acertijos con esa o


            con  aquella  Neen,  el  cabalgar  de  dos  egos


            frenéticos en busca de la posición... no sexo, no



            amor, sino guerra por otros medios. La ineludible


            tragedia de la piel, de los límites, subsistía... no



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