Page 908 - Limbo - Bernard Wolfe
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había necesidad de calificarla con palabras
insípidas, bastaba la experiencia directa, muda...
—Hay mucho que hacer —Prosiguió—.
Montones de cavernas donde dejar entrar un
poco de sol... la única forma de reducir algo el
tono de uno. Relajarse. Un poco de tapioca no está
tan mal, después de todo...
Había pretendido decirlo burlonamente, con
buen humor, pero ahora estaba llorando sin
vergüenza alguna, sin Guiones de ninguna clase.
Pensando en la gran y creciente felicidad que trae
la luz del sol, la risa que trae consigo la
iluminación... pensando también que las lágrimas
son siempre el camuflaje del vol‐amp, parte de la
ceguera masoquista de la autocompasión... y
llorando furiosamente pese a todo.
—Mi pecado —dijo— fue que llevaba a Tom
en mi cabeza antes de moldearlo en carne.
Pero —añadió— también a Rembó... también está
Rembó.
Con los ojos llenos de lágrimas, se volvió una
vez más hacia Theo, lo vio como a través del
cristal de una batisfera. Recordó lo que alguien —
Malraux— había escrito hacía mucho tiempo: El
siglo xix se enfrentaba a la pregunta: ¿ha muerto
Dios? El siglo xx se enfrentaba a la pregunta: ¿ha
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