Page 921 - Limbo - Bernard Wolfe
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rotores, brazos‐fusiles, brazos‐ perforadoras.
—¿Lo veis? —dijo Rembó—. Fuisteis muy
amables y amistosos con los miembros‐raros
cuando estuvieron aquí, pero nosotros, nosotros
los jóvenes de la caverna, teníamos sospechas,
como mi padre. Los espiamos, y vimos que
enterraban muchas de estas terribles máquinas en
la jungla. Cuando se fueron las desenterramos y
las estudiamos.
Tomó un brazo‐rotor y lo abrió hasta que se
desplegó unos seis metros ante él; oprimió varios
botones cerca del hombro y... la sierra circular
empezó a girar. Rembó maniobró el extremo
cortante hasta que entró en contacto con el tronco
de una esbelta palmera rafia joven que se erguía
cerca del molino de maíz: un rápido sonido
metálico campanilleante, zip, zing, como de algún
instrumento de viento en tono de soprano, y la
mitad superior del árbol se estrelló contra el
suelo. Los habitantes del poblado jadearon. Al
momento siguiente Rembó había extendido
completamente un brazo‐lanzallamas entre sus
manos. De nuevo pulsó los controles: una lengua
de fuego serpenteó de su boca en forma de
embudo, gruñendo como un contrabajo, y lo que
quedaba de la palmera rafia desapareció en una
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