Page 926 - Limbo - Bernard Wolfe
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—No  —dijo  Rembó—,  no  las  máquinas.  Mi



            padre  era  consciente  de  este  peligro  también,


            escribió  algunas  líneas  al  respecto.  —De  nuevo


            ojeó la agenda y leyó—: «7 de marzo de 1973. Hoy


            fui  a  Johannesburgo  con  Ubu,  cogimos  algunos


            motores para los botes de pesca del Doblado. El


            primer  paso  hacia  la  mecanización:  es  una


            responsabilidad,  pensé  mucho  en  ello  antes  de



            decidirme  a  hacerlo  en  contra  de  los  deseos  de


            Ubu.  ¿Quién  fue  aquel  primer  psicoanalista


            ¿Hans Sachs? que escribió aquel excelente ensayo


            sobre el miedo del hombre a  la mecanización? La


            cuestión era que el hombre dudaba en mecanizar


            sus  procesos  de  trabajo,  y  lo  eludió  durante


            muchos centenares de años, hasta el siglo XVIII,


            debido a su narcisismo, y porque tenía miedo a


            que su máquina le convirtiese a él en un juguete.



            (¿Por  qué  tenía  miedo,  me  pregunto,  de  lo  que


            podía seguir haciendo por sí mismo, con manos y


            pies reforzados?) Hasta entonces la máquina era


            cosa  de  magia,  como  la  frase  griega  deus  ex


            machina,  el  teatro  automático  romano  de


            marionetas,  la  máquina  de agua sagrada  de  los


            templos  egipcios,  cosas  para  maravillarse,  para



            exhibir,  juguetes  graciosos,  creadores  de


            diversión. Que después de la Primera Revolución



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