Page 927 - Limbo - Bernard Wolfe
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Industrial  se  convirtieron  en  una  apisonadora.



            Pero el trabajador robot no es en sí mismo una


            apisonadora:  se  convierte  en  ella  únicamente


            porque  el  hombre  necesita  tanto  ser  apisonado


            que él mismo efectúa la conversión. Los hombres


            huyen de la máquina únicamente a expensas de


            la  plena  humanidad:  hasta  que  se  liberan  de  la


            pesada  carga  del  trabajo  primitivo  no  tienen



            tiempo de excavar tragaluces en el cráneo, hasta


            entonces no empiezan a unirse a la historia... sin


            brazos  suplementarios,  sin  piernas,  sin  extirpar


            los  lóbulos  prefrontales,  sin  ansiedad,  sin


            anticipación...  En  cualquier  caso,  no  debemos


            producir ninguna fábrica Ford en esta isla. No hay


            nada  que  valga  esa.  Pero  hay  dos  formas  de


            escapar  de  ser  apisonado  por  la  máquina,


            suponiendo que la voluntad de escapar esté ahí.



            Una de ellas es limitar la mecanización hasta su


            mínimo absoluto. La otra: convertir a la máquina


            en  algo  risible,  como  hicieron  los  griegos  y  los


            antiguos,  para  eliminar  así  su  amenaza.  No


            resulta tan amenazadora cuando yo puedo reírme


            de ella, debido a que la máquina no puede reírse


            como  contrapartida  de  mí.  Se  establece  una



            jerarquía: «Yo» por encima de «Ello». Lo que se


            necesita  es  una  nueva  mitología  en  la  cual  la



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