Page 334 - A La Deriva En El Mar De Las Lluvias - Varios Autores
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Eh, que tengo que comer, protesta Neubeck. No
puedes dejarme dos días enteros sin comer.
Peterson se siente envuelto por la cámara de aire
de un A7LB, con su campo de visión limitado por el
casco y la LEVA. El susurro de los ventiladores le
llena los oídos. Está aquí, pero en su propio mundo.
Es intocable, nada puede tocarlo. Estira el brazo y
apoya una mano en la nuca de Neubeck. No son la
palma de la mano ni los dedos los que tocan su pelo
grasiento, sino un guante. De pronto, empuja la
cabeza de Neubeck hacia delante y hacia abajo con
violencia. Su cara golpea el cuenco que tiene delante.
Neubeck grita, el cuenco se vuelca y a cámara lenta
derrama su contenido a un lado de la mesa.
Neubeck suelta un taco y echa la cabeza hacia
atrás. Se gira para mirar a Peterson. Tiene un corte,
una línea roja que le cruza la frente, como la marca de
un ladrón. El caldo le gotea de la punta de la nariz y
le mancha una mejilla.
Peterson da un paso atrás. Su traje espacial lo
protegerá... y hasta podría golpear a un hombre con
armadura. Neubeck se levanta del banco, pero sus
movimientos se vuelven más lentos y se detiene.
Peterson se aparta. Neubeck suelta otro taco y
abandona la sala de oficiales.
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