Page 1145 - Anatema - Neal Stephenson
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en medio. Ala realmente había marcado la operación con
su sello. Al crecer mi confianza en que la evacuación
básicamente funcionaba, me moví más rápido y atravesé
la gigantesca plantación de árboles de páginas, cargados
de hojas que nadie cosecharía jamás, para pasar por un
hueco desigual que habían abierto en el antiguo muro. El
paso estaba sembrado de escombros. De extramuros
llegaban luces, y el aire lleno de polvo relucía sobre la
abertura blanca y azul, proyectando largas sombras
nerviosas tras los avotos que salían subiendo por el
montón de cascotes, ayudados por los soldados que
iluminaban con las linternas las zonas más complicadas y
ladraban consejos a los avotos que tropezaban o parecían
indecisos. La insignia me indicaba que la atravesase, por
lo que lo hice, intentando no pensar en los muchos siglos
de piedras que hasta esa noche se alzaban allí, en los
avotos que las habían tallado y las habían colocado en su
sitio.
Tras el muro había un llano, un cinturón de terreno
abierto que los ciudadanos locales usaban como parque.
Esa noche se había convertido en zona de aparcamiento
para drumones militares: simples vehículos de plataforma
plana con toldo de lona. Al principio sólo vi los pocos que
estaban más cerca de la base del montón de escombros, ya
que se encontraban dentro del halo de luz. Pero mi
insignia insistía en que me adentrase en la oscuridad.
Haciéndolo, me di cuenta de que esos drumones
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