Page 1148 - Anatema - Neal Stephenson
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Me detuve tan de golpe que el impulso de la mochila casi


          me derribó. Me dije: «¡Chico idiota, te has equivocado de

          autobús!» Y mis piernas intentaron sacarme de allí antes

          de que el conductor cerrase la puerta y arrancase.


            Luego recordé que me había llamado por mi nombre y

          me había dicho que subiese.

            Miré  a  Sammann,  quien  adoptó  una  expresión  de


          sufrimiento que sólo se le daba realmente bien a un Ati y

          se encogió de hombros.

            Así que tiré mi mochila a un asiento vacío y me senté.


          Justo antes de hacerlo, estudié los rostros de los valleros.

          Eran fra Osa, el PEI; sur Vay, la que me había cosido con


          hilo de pescar; sur Esma, la que había dado cabriolas por

          la plaza de Mahsht cargando contra el francotirador, y fra

          Gratho,  el  que  había  usado  su  cuerpo  como  escudo,


          colocándose  entre  el  líder  gheethe,  al  que  luego  había

          desarmado, y yo.


            Durante un rato me senté inmóvil, preguntándome cómo

          prepararme  para  lo  que  se  avecinaba,  deseando  que

          empezase ya.


            El siguiente en subir fue Jesry. Vio lo que yo había visto.

          Me  pareció  que  por  su  rostro  pasaban  muchas  de  las

          mismas  emociones,  pero  atenuadas;  a  él  ya  le  habían


          escogido para ir al espacio y probablemente lo esperase.

          Cuando pasó a mi lado, me dio en el hombro.

            —Me alegro de estar contigo —dijo—. No hay nadie con


          quien me gustaría más que me vaporizasen, mi fra.



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