Page 1156 - Anatema - Neal Stephenson
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cualquier momento. Estaban sacando de él todo lo posible


          antes de que la inanición le dejase inútil. El ruido del avión

          me impedía oír lo que decían, pero estaba claro que ya

          llevaban  un  rato  hablando  y  que  Jules  estaba  cansado;


          buscaba las palabras y retrocedía en medio de una frase

          para  rectificar  un  uso  verbal.  El  orto  era  un  idioma

          mortalmente difícil y me parecía casi un milagro que Jules


          lo hablase tan bien, habiéndolo practicado sólo un par de

          años (que, habíamos calculado, era más o menos el tiempo

          que los Geómetras habían estado en posición de recibir las


          señales  de  Arbre).  O  los  laterranos  eran  más  listos  que

          nosotros o Jules poseía un talento prodigioso.


            Arsibalt  caminaba  por  el  pasillo.  Fue  conmigo  a  la

          ventana  y  nos  pusimos  a  gritarnos.  De  lo  que

          recordábamos  de  geografía,  nos  convencimos  de  que


          descendíamos desde el polo siguiendo un meridiano más

          oriental que el que pasaba por Ecba. Lo que se confirmó


          cuando dejamos atrás el hielo y la tundra y llegamos a un

          clima  más  moderado:  allá  abajo  había  muchos  bosques

          pero pocas ciudades.


            No era de extrañar que a la gente le llevase tanto tiempo

          despertar;  habíamos  saltado  media  docena  de  zonas

          horarias.  Me  había  engañado  pensando  que  había


          dormido  toda  una  noche.  De  hecho,  era  posible  que  ni

          siquiera hubiese dormido.

            Lio  había  estado  sentado  a  solas  en  la  fila  delantera,


          intentando hacerse amigo de un cismex de estilo militar.



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