Page 1151 - Anatema - Neal Stephenson
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cuando el vehículo daba bandazos o pasaba por terreno
accidentado. Los que conocía recibieron apretones de
mano. Los relojeros edharianos recibieron abrazos capaces
de romper el espinazo. Los valleros recibieron
reverencias… aunque me di cuenta de que incluso fra Osa
se inclinaba con más formalidad, con una inclinación
mayor, ante Lio que Lio ante él. Fue la primera señal de
que Lio era el líder de nuestra célula.
Al cabo de veinte minutos llegamos a un aeródromo. La
escolta de vehículos de la policía militar ayudó a acelerar
los trámites. No hubo que preocuparse por la seguridad ni
las multas; atravesamos la entrada protegida y llegamos a
la pista, donde paramos junto a una aeronave militar de
alas fijas capaz de transportar cualquier cosa, pero que esa
noche estaba lista para llevar pasajeros. Los oficiales de la
parte delantera del autobús eran la tripulación. Salimos,
recorrimos diez pasos de pista y subimos la escalerilla de
la nave. No era feliz. No estaba triste. Sobre todo, no estaba
sorprendido. Comprendía perfectamente la lógica de Ala:
una vez aceptado que estaba tomando la «decisión
horrible», el único camino era tomarla de verdad… hasta
sus últimas consecuencias. Juntar a sus personas favoritas.
Para ella el riesgo era mayor… me refiero al riesgo de que
todos muriésemos y tuviese que pasar el resto de su vida
sabiendo que había sido la responsable. Pero para cada
uno de nosotros, individualmente, el riesgo era menor,
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