Page 1300 - Anatema - Neal Stephenson
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atrapados. Yo no dejaba de mirar el enorme botón rojo de
emergencia. Me quedaban ocho minutos.
Una lectura del indicador fue cambiando: la presión
externa del aire, que había estado en un cero rojo desde
que había salido al vacío del espacio, iba subiendo hasta la
zona amarilla. Jules también se había dado cuenta; se
acercó a la rejilla de una salida de aire que había junto a la
escotilla y colocó la mano. El aire entrante le apartó el
brazo.
—Gracias, Cartas —dijo Arsibalt—. No me importa de
qué cosmos venga este aire. Sólo deseo respirarlo.
—Mientras esperamos, vamos a repasar el
procedimiento de retirada del traje —nos dijo Lio—. Y
mostraos. —Levantó la pantalla que había estado
ocultando sus indicadores. Los demás hicimos lo mismo.
Por primera vez en un par de horas fuimos capaces de
vernos las caras en las pantallas de motus y comprobarnos
mutuamente las lecturas. No veía a todo el grupo, porque
estábamos repartidos en un espacio atestado y complejo
«bajo» los soportes del espejo. Pero podía ver a Jesry, a
quien le quedaban dos minutos. Yo tenía cinco. Cambié de
depósito con él; estaban tardando mucho en presurizar la
cúpula.
Unos minutos más tarde la lectura de presión externa
cambió al fin de amarillo a verde: bueno para respirar.
Justo cuando el indicador de mi suministro de oxígeno
pasaba de rojo (peligro extremo) a negro (estás muerto).
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