Page 1295 - Anatema - Neal Stephenson
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todavía no se sabe qué uso daría el Poder Secular a esa


          libertad, y es posible que nuestras acciones sigan siendo

          importantes. Vamos.

            —¿Jules? —dijo Lio—. ¿Qué tal?


            —Es tentador dejarse caer por la abertura que tenemos

          delante, ¿no es así? —dijo Jules. Porque instintivamente

          habíamos dado la espalda al quemamundo, como si ese


          acto nos fuese a proteger de lo que estuviese a punto de

          pasar allí. Una vez más mirábamos por el hueco, viendo

          pasar los orbes Seis y Siete, entreviendo el Núcleo en el


          espacio entre ellos—. Pero entonces estaríamos en la luz,

          donde  nos  pueden  ver.  Y  el  Rimero  gira  a  demasiada


          velocidad  para  recogernos.  No.  Debemos  entrar  por  el

          Núcleo. Pero para entrar en el Núcleo primero debemos ir

          a un vértice. —Giró para ponerse de cara al vértice que se


          encontraba a nuestra izquierda—. Ése es el observatorio.

          Habéis  examinado  las  imágenes.  —Se  volvió  hacia  la


          derecha—. Ése es un puesto de mando militar.

            —¿El  observatorio  tiene  esclusa  de  aire?  —preguntó

          Arsibalt.  Porque  todos  mirábamos  al  de  la  izquierda…


          Nadie se sentía con ganas de invadir un puesto de mando

          militar, no después de haber perdido a los valleros.

            —Oh, sí, la estás mirando —dijo Jules, y echó a caminar.


          Le seguimos.

            —Eh… ¿la estoy mirando?

            —La bóveda que cobija el telescopio es en sí una enorme


          esclusa de aire —nos explicó Jules.



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