Page 1306 - Anatema - Neal Stephenson
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Los subsistemas responsables de detalles tan irrelevantes
como llorar por mis amigos, temer la muerte, confundirme
con la línea de mundo y querer estrangular a fra Jad se
habían quedado sin recursos.
Había muchas puertas, todas cerradas pero no con llave.
Era, según Jules, lo habitual. Esas zonas limítrofes de la
nave estaban divididas en compartimentos separados e
independientemente presurizados, de forma que un
impacto de meteoro no acabase con los vecinos. En
consecuencia, uno pasaba mucho tiempo abriendo y
cerrando puertas. Se trataba de escotillas redondas y
abovedadas de unos tres pies de diámetro, con pesados
mecanismos de cierre, como los de un banco. Se abrían
agarrando simultáneamente dos asas simétricas y tirando
de ellas en sentido opuesto, lo que venía bien en gravedad
cero porque plantar los pies y emplear el peso del cuerpo
no era algo que viniese apoyado por las leyes de la
teorética. El esfuerzo siempre me dejaba jadeando detrás
de fra Jad. Una de las preguntas con las que había tenido
intención de molestarle había sido: «¿Por qué yo? ¿No
puedes hacer solo lo que sea que estés haciendo para que
yo pueda estar en un argumento en el que mis amigos
estén vivos?» Y quizás ésa fuese la respuesta. Me había
escogido por la misma razón que los jerarcas de Edhar me
habían asignado dar cuerda al reloj: yo era un torpe. Podía
abrir puertas pesadas. Parecía mejor que no hacer nada,
así que flotaba por delante de fra Jad y me aplicaba a la
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