Page 1308 - Anatema - Neal Stephenson
P. 1308
Imperio. Pero ya habíamos iniciado el camino por la
carretera que nos llevaría a la capital. Había una docena
de Tendones. Seis radiaban de cada uno de los potentes
rodamientos de los extremos del Rimero. El Rimero de
Orbes era como un mono que usaba brazos y patas para
sostenerse en medio de un cajón de madera. En ocasiones
un brazo tenía que empujar, a veces tenía que tirar. Lo
flexionaba para absorber sacudidas. Estaba vivo: un
manojo de huesos que ofrecían resistencia, músculos que
reaccionaban, navíos que transportaban materiales,
nervios para comunicarse y piel para proteger todo lo
demás. Los Tendones tenían que realizar muchas de las
mismas funciones, y por tanto compartían gran parte de la
misma complejidad. De ese Tendón, fra Jad y yo sólo
podíamos ver la superficie interior de un pozo de diez pies
de diámetro, pero sabíamos, por Jules, que el Tendón en
su conjunto tenía más de cien pies de diámetro y estaba
repleto de detalles y estructuras que no veíamos, pero que
se intuían a partir de la apabullante variedad de esclusas,
ruedas de válvulas, paneles de circuitos, pantallas, paneles
de control y señales que parpadeaban a nuestro lado
mientras pasábamos volando. Como era imposible que
novatos como nosotros fuésemos perfectamente por el
centro, nos movíamos de un lado a otro mientras
avanzábamos. Cuando nos encontrábamos lo
suficientemente cerca de algún agarre prometedor,
abusábamos un poco de él y ganábamos algo de
1308

