Page 1386 - Anatema - Neal Stephenson
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—¿Que si recibo la orden —dijo, echando una mirada
rápida al lugar donde yo ocultaba los matatodos—, quizá
debería hacer caso omiso, porque la ha dado un secular
que no se entera y que opera con el argumento
equivocado?
—Exacto —dije. Y me di cuenta de que frotaba el cismex
con el pulgar. Tenía un cismex diferente que en Tredegarh.
Muy poco común. Por los colgantes de Cord conocía un
poco la terminología: el cismex de Emman había sido
fresado a partir de un bloque sólido de aleación, en lugar
de moldeado en poli o estampado en una lámina. Era muy
caro. No era un producto en serie.
—Bonito, ¿verdad? —Había visto que lo mirada.
—Lo he visto antes —dije.
—¿Dónde? —preguntó con atención.
—Jad tenía uno.
—¿Cómo ibas a saberlo? Se le entregó justo antes del
lanzamiento. Jad ardió antes de que pudieses hablar con
él.
Le miré fijamente, sin saber por dónde empezar.
—¿Es una de esas situaciones que me sobrepasan? —
preguntó.
—Más o menos. Dime, ¿cuántos más hay de ésos?
—¿Aquí arriba? Al menos uno. —Volvió la cabeza hacia
el hinchable. Habían abierto la cremallera de la puerta
exterior de la esclusa y salían una serie de hombres y
mujeres vestidos con esplendidez, tocándose la cabeza
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