Page 711 - Anatema - Neal Stephenson
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Antes de partir, Sammann había investigado cómo pasar
la frontera sin documentos. Los emigrantes económicos lo
hacían continuamente y algunos habían registrado sus
experiencias, así que tenía una idea aproximada de lo que
hacer y no hacer. Lo más importante era no llegar hasta el
fin del trayecto del tren de trineos. Aparentemente, en el
puerto de trineos del otro lado de la frontera eran mucho
más quisquillosos que en el que habíamos dejado atrás.
Los agentes subían al tren en un asentamiento situado a
un par de horas del puerto y lo recorrían de cabo a rabo.
Podías intentar ocultarte, pero era arriesgado. Los ilegales,
en lugar de eso, solían saltar del tren justo antes del puesto
de avanzada y llegaban a un acuerdo con algún operario
local que los pasaba por la frontera.
Los había de dos categorías. Los contrabandistas más
reputados y de mayor edad tenían trenes de trineos de
mayor tamaño y para mayores recorridos que guiaban por
las montañas hasta la costa helada, a un par de cientos de
millas de distancia. Había también una nueva especie que
empleaba máquinas pequeñas y ágiles de corto alcance
usadas simplemente para saltarse el puerto de trineos.
Nuestra esperanza era que yo pudiese ir en una de ésas.
Pero las pequeñas no funcionaban con mal tiempo. Claro
está, todo aquel contrabando habría desaparecido si el
Poder Secular se lo hubiera tomado en serio, pero daba la
impresión de querer mirar hacia otra parte siempre que los
ilegales tuvieran la cortesía de ser un poco astutos.
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