Page 714 - Anatema - Neal Stephenson
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puerto de trineos. Aquel día no había salido ninguno…
probablemente debido al mal tiempo.
Un operario con vista de lince me vio. Le dio al motor,
que soltó una humareda negra, y se situó a nuestro lado.
Detrás de la máquina sólo había un trineo. Abrió la
ventanilla, sacó el rostro sonrosado y peludo y me dijo una
cifra. Yo retrocedí unos pasos para mirar el trineo. Estaba
vacío. Antes de que pudiese decir nada me ofreció un
precio más bajo.
No me parecía adecuado saltar al primero que aparecía,
así que negué con la cabeza, me aparté y me dirigí a un
tren mayor que aceptaba pasajeros. Parecía más
«profesional», si el término tiene sentido en este contexto,
pero llegué tarde. Los trineos ya estaban repletos con lo
que parecían los miembros de bandas organizadas de
emigrantes cuyas miradas daban a entender que no me
recibirían bien. Y el precio era elevado. Un tercer tren, más
pequeño, con trineos de carga y de pasajeros, parecía más
prometedor: había suficientes pasajeros a bordo para no
temer que me abandonasen.
Viéndome a mí y a otros que iban solos negociando con
el conductor del tren, el primer operario regresó. Se colocó
delante, para que yo pudiese ver en el interior de la tienda
y comprobar que había tomado a dos pasajeros. La puerta
de la máquina estaba abierta, por lo que veía su panel de
control. Encima tenía montada una pantalla reluciente con
una línea irregular que se desplazaba horizontalmente a
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