Page 712 - Anatema - Neal Stephenson
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Como los primos habían inutilizado los satélites de
navegación, no conocíamos nuestra latitud, pero
podíamos estimar hasta dónde habíamos avanzado.
Cuando creíamos que nos acercábamos, me puse todas las
prendas calientes que tenía y llené hasta arriba la vejiga de
combustible de mi trajesaco. La mochila que me habían
entregado en Voco era demasiado pequeña, demasiado
nueva y tenía demasiado buen aspecto, pero Yul dijo que
en su transbor llevaba una vieja más grande con armazón
de metal. Así que nos abrigamos bien y regresamos al
trineo plano del fondo. Dábamos la espalda al viento, pero
vacilábamos y trastabillábamos cuando los trineos
saltaban sobre las crestas del hielo. Tuvimos que quitar
tres pies de nieve del vehículo. Mientras lo hacíamos
empezó a caer más nieve, y en ocasiones parecía caer más
rápido de lo que podíamos retirarla. Pero finalmente
llegamos a la parte posterior del transbor de Yul y
encontramos una antigua mochila militar que no fuese a
llamar demasiado la atención de aquellos entre quienes
me encontraría pronto. Pasé a la otra el contenido de mi
mochila. El resto del volumen lo rellenamos con barras
energéticas, ropa extra y otros elementos, y por si acaso le
até a los lados un par de raquetas.
De vuelta a la cabecera del tren, Gnel me suministró
monedas: suficientes para pagar el pasaje si regateaba, no
tanto como para parecer rico. Sammann imprimió un
mapa de la región circundante. Cord me dio un abrazo y
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