Page 716 - Anatema - Neal Stephenson
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había quedado atenuado por la nieve y por la nota aguda
del motor de nuestro pequeño tren.
¡Aquello estaba lejos de ser lo que tenía en mente cuando
salí del presbiterio durante el Voco, dos semanas antes!
Incluso cuando tomé la decisión de seguir a Orolo al polo
Norte, no me había imaginado que la última parte del viaje
sería así. Si alguien en Samble me hubiese dicho que
tendría que hacer aquello, me habría inventado cualquier
excusa y me habría ido directamente a Tredegarh. Lo que
no hubiese sabido en Samble era lo rutinario que resultaba
todo. La gente lo hacía continuamente. Yo no tenía más
que matar veinticuatro horas, el tiempo que le llevaría a
ese cacharro llegar al mar.
Los cuatro pasajeros nos sentábamos en un par de bancos
que miraban de lado y que podían haber acomodado a
ocho. Con los trajesacos teníamos casi el mismo aspecto.
El mío era nuevo comparado con los suyos, aunque
llevaba una semana usándolo. A pesar de las molestias por
hacerme con un equipaje con aspecto desastrado, el mío
relucía en comparación con el de los dos primeros
pasajeros: polibolsas de la compra atadas con policuerdas
y reforzadas con policinta. El último pasajero llevaba una
vieja maleta rodeada por una red de cuerda amarilla.
Los dos primeros se llamaban Laro y Dag, el último era
Brajj, nombres de extramuros bastante comunes. Yo dije
que me llamaba Vit. Hablar más fue difícil por el ruido del
motor y porque tampoco parecían muy habladores. Laro
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