Page 713 - Anatema - Neal Stephenson
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un beso en la mejilla. Salí a la pasarela, me cubrí con la


          capucha festoneada de pelaje falso para protegerme la cara

          del  viento  y  miré  al  lado  izquierdo  del  tren.  Como

          cachorrillos siguiendo a su madre, tres trenes de trineos


          más pequeños se encontraban a nuestro lado. Se habían

          materializado durante el último cuarto de hora. Cada uno

          estaba compuesto por una máquina con orugas que tiraba


          de unos cuantos trineos, algunos de los cuales eran cajas

          abiertas  o  simplemente  plataformas.  Servían  para  el

          contrabando  y,  efectivamente,  estaban  cargando  uno,


          colocado junto al tercer trineo de nuestro tren, al que un

          hombre lanzaba cajas y bolsas llenas. Pero en otros habían


          montado tiendas. Vi a un par de hombres con trajesaco

          naranja metiéndose en una.

            Sammann me había dado un consejo y dos normas. El


          consejo:  «Busca  un  trineo  con  muchos  pasajeros.  El

          número aporta seguridad.» Primera norma: «No permitas


          que  tus  pies  toquen  la  superficie;  te  abandonarán  y

          morirás.» La segunda norma la comentaré en su momento.

            Gnel y yo recorrimos las pasarela durante un cuarto de


          hora, con la esperanza de ver un vehículo más pequeño

          que los tres trenes. Por diminutos que pareciesen al lado

          del gigantesco tren de trineos, eran bastante más grandes


          que  la  mayoría  de  los  vehículos  que  se  veían  en  una

          carretera del sur. Probablemente fuesen hacia el oeste por

          las montañas. No vimos ningún vehículo más pequeño y


          ágil que realizase contrabando en las inmediaciones del



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