Page 717 - Anatema - Neal Stephenson
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y Dag se acurrucaban bajo una manta. Me parecía que eran


          hermanos. Brajj, el último, estaba sentado más cerca de la

          entrada.  Entre  su  corpulencia  (era  un  poco  más  grande

          que yo) y la maleta abultada necesitaba mucho espacio.


          Pero era espacio que nos alegrábamos de cederle, ya que

          tapaba la nieve que entraba en remolinos con la estela del

          trineo.


            Le había dejado a Cord todos los libros. Nadie tenía un

          motus. En el exterior no había nada que ver excepto nieve

          arremolinada. Ajusté mi calentador catalítico a la mínima


          potencia  para  que  me  mantuviese  los  dedos  con  vida,

          doblé los brazos, apoyé las piernas sobre la mochila, me


          doblé en el banco e intenté no pensar en lo despacio que

          pasaba el tiempo.




            Parecían  haber  pasado  años  desde  que  había

          abandonado el cómodo entorno del concento. Pero en el


          trineo  entré  en  una  especie  de  ensoñación  donde

          prácticamente podía ver a mis fras y sures delante de mí y

          oír sus voces. De Arsibalt, Lio y Jesry pasé a la imagen


          bastante más agradable de Ala. Estaba haciéndole la corte

          en Tredegarh, un lugar del que sabía muy poco, excepto

          que era más antiguo y mucho mayor que Sante Edhar, y


          que el clima era mejor, los jardines y bosquecillos mucho

          más  exuberantes  y  mucho  más  fragrantes.  Tuve  que

          interpolar  una  fantasía  en  la  que  sobrevivía  al  viaje,


          encontraba a Orolo, llegaba a Tredegarh y se me permitía



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