Page 756 - Anatema - Neal Stephenson
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el camarote (éramos todos hombres) habíamos hecho
recientemente para convertir el mundo en un lugar mejor.
Puede que todos fuésemos imperfectos: cómo podía ser de
otra forma dado que nacimos en la mente de un violador
asesino. Sin embargo, debido a la inspiración pura que
había impregnado el alma del Condenado en el momento
de la muerte de la Inocente, poseíamos el poder de mejorar
el mundo de una forma que satisficiese al omnisciente
Magistrado que todo lo veía.
Era una locura, pero me atrapó dado mi estado de
debilidad e intenté experimentar siguiéndoles la corriente.
Puede que suene muy poco propio de un avoto, pero
estábamos acostumbrados a que nos ofreciesen
extravagantes hipótesis cosmográficas y en nuestra
teorética lo hacíamos continuamente: es decir, para
argumentar asumíamos que una hipótesis era cierta y
comprobábamos hasta dónde nos llevaba.
Conocía la historia del Condenado desde casi el
momento de mi nacimiento, pero sentado en el camarote
descubrí dos aspectos del credo, o al menos de aquella
secta, que desconocía. Uno, que los sucesos de nuestro
mundo, que se sucedían en paralelo, con cada persona
haciendo algo diferente al mismo tiempo, el Condenado
los desmontaba y se los contaba de forma seriada al
Magistrado. No había forma de contar al mismo tiempo la
historia de miles de millones de personas, así que la
dividía en narraciones más breves y manejables y las
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