Page 770 - Anatema - Neal Stephenson
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se  me  echó  encima  y  la  gente  empezó  a  ponerme  la


          zancadilla.

            Salté sobre algunas piernas, pero estaba claro que debía

          salir de esa plaza atestada, así que me metí en la primera


          calle  que  salía  de  ella,  luego  en  un  callejón  que

          desembocaba en esa calle. Era tan estrecho que podía tocar

          ambos  lados  a  la  vez,  pero  al  menos  ya  no  tenía  la


          sensación de estar rodeado de una muchedumbre hostil.

            Oí  el  zumbido  de  un  motor  de  escúter.  Me  seguían.

          Chicos  locales  con  escúteres  que  se  conocían  la  red  de


          callejones  maniobraban  para  cortarme  el  paso  en  el

          siguiente cruce.


            Probé  algunas  puertas  pero  estaban  cerradas.  Luego

          cometí el error de hacerlo a la vista de un guardia armado

          que protegía una casa de cambio de moneda, un par de


          puertas más arriba. Se sacó un arma y murmuró algo en

          un  dispositivo  del  cuello.  Retrocedí,  tomé  el  siguiente


          callejón que encontré y corrí unas cien yardas hasta donde

          se convertía en un puente sobre un canal estrecho. Un par

          de chicos con escúteres se pararon para bloquear el puente


          justo  cuando  yo  llegaba.  Mirando  abajo  vi  el  fondo

          enlodado del canal. La marea debía de estar baja. Salté sin

          pensar, aterricé y rodé sobre el lodo blando. Sentí dolor,


          pero por lo que me pareció no me había roto nada. En una

          dirección el canal regresaba a la plaza. En la otra llevaba a

          cielo  abierto:  hacia  el  mar.  Me  puse  a  correr  en  esa


          dirección, pensando que si llegaba a la playa podría robar



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