Page 771 - Anatema - Neal Stephenson
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algún bote pequeño o lograr que alguien me llevase.
Incluso nadar sería más seguro que estar en medio de esa
multitud.
Pero no podía correr bien en el lodo. Y, de todas formas,
estaba agotado. Había olvidado respirar. Un puente
cruzaba el canal cada varios cientos de pies y vi cómo la
gente se congregaba en el que tenía delante, señalándome
animadamente.
Me volví para ver a una multitud todavía mayor en el
puente de atrás. La gente empuñaba piedras y botellas.
Intentar pasar por debajo de esos puentes habría sido un
suicidio. La pared del canal era vertical, pero de piedras
viejas y desiguales; intenté subir. El ruido de escúteres me
desconcentró y algo me golpeó en la cabeza.
Desperté poco después de caer en un par de palmos de
agua en medio del canal, de donde salí boqueando en
busca de aire sólo para recibir los golpes de una docena de
piedras y botellas.
—¡Alto! ¡Alto! ¡El voto no va a ningún sitio! Mantenedlo
ahí —dijo algún líder improvisado: un gheethe bajito de
pelo largo—. ¡El testigo está a punto de llegar! —proclamó.
Así que todos aguardamos al «testigo». La multitud se
calmó. En general estaba formada por personas a las que
la curiosidad o la idea de ayudar a acorralar a un ladrón
de bolsos había llevado a los puentes o al borde del canal.
Pero aquella gente fue reemplazada por caras nuevas:
gheethes con cismex. Así que, cuando llegó el testigo, más
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