Page 792 - Anatema - Neal Stephenson
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agitarlos en el aire para intentar lincharme. Pero me sentía
solo.
Sammann se acercó y cruzó unas palabras con Yul. Éste
dio un salto, tomó el rifle, lo agarró por el cañón y, tras
unos pasos a la carrera, le dio un tremendo impulso. Voló
dando vueltas hasta el centro del río para luego hundirse
en la corriente y desaparecer. Como un minuto más tarde,
aparecieron dos mobes cargados de policías de Mahsht y
salieron de sus vehículos, que no dejaban de ulular con las
luces parpadeando. Exceptuando a fra Osa y a la sur que
me cosía, todos los avotos del Valle Tintineante se
sentaron en el suelo, con los pies bajo el cuerpo, y
adoptaron una expresión serena. Los policías se limitaron
a mirarlos boquiabiertos. ¿Cuántos miles de motus se
habrían producido hablando de las hazañas ficticias de los
valleros? La policía ni siquiera era capaz de considerarlos
sospechosos. Los consideraban más bien como una
atracción turística. Animales de zoo. Estrellas de cine. Lo
que es más, los valleros lo sabían y sabían también cómo
aprovecharse de ello. Nos demostraron el sentido de la
palabra «postura» y fingieron meditar. Los polis se lo
tragaron todo. El jefe mantuvo una larga y, al principio,
tensa conversación con Yul y fra Osa. La sur de la aguja
siguió pasando el hilo por mi carne y yo apreté los dientes
con tal fuerza que podía oír cómo rechinaban. Al final
anudó el extremo y se fue sin decir nada… sin ni siquiera
mirarme. Tuve una altavisión: yo podía estar predispuesto
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