Page 788 - Anatema - Neal Stephenson
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pareció su forma de indicarme que había intentado
sopesar con justicia las enseñanzas de Sark—. En cualquier
caso, nos reconoció en la calle. Nos contó que una multitud
perseguía a un avoto solo. Nos pareció una emersión.
Por un momento creí que pasaba a un flújico
entrecortado, intentando pronunciar «emergencia».
Luego recordé algo de la vallelogía con la que Lio me
había bombardeado a lo largo de los años.
Durante la época de la Reconstitución, literalmente en el
año 0, cuando se hacían las mediciones de las
localizaciones de los primeros nuevos cenobios, para
poder establecer las piedras angulares de sus Relojes y
Seos, un equipo de avotos recién jurados había viajado a
una región remota del desierto para iniciar tal proyecto,
donde lo asediaron los desconfiados habitantes locales.
Porque el lugar que habían escogido estaba lleno de
plantaciones de saltadora, y habían dado con una chabola
donde hervían la hierba para preparar una droga
concentrada e ilegal. Los avotos iban desarmados. Habían
ido desde distintas partes del mundo y tenían muy poco
en común entre sí; muchos de ellos ni siquiera hablaban
orto. Pero resultó que varios eran alumnos de una antigua
escuela de artes marciales, que en aquella época no tenía
relación con el mundo cenobítico, a pesar de haberse
desarrollado en un entorno monástico. En cualquier caso,
jamás habían usado esas habilidades fuera del gimnasio,
pero se encontraban entonces en una situación que les
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