Page 822 - Anatema - Neal Stephenson
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sureste, así que habíamos llegado desde el norte. La
terminal y la ciudad estaban construidas alrededor del
único puerto que quedaba en la isla, un trozo arrancado al
noroeste de la isla, más o menos redonda. Nuestro
campamento estaba en el noreste, en una de una serie de
calas muy juntas separadas por dedos de magma
endurecido que habían descendido de la caldera muchos
siglos antes de que Ecba fuese ocupada. Por tanto, durante
esos primeros días, lo que habíamos visto era la cara norte
del volcán, de aspecto regular y grácil… a pesar de que yo
oyese continuamente la voz de Haligastreme diciéndome
que era peligroso. El paseo del día anterior nos había
llevado alrededor de la isla en el sentido contrario a las
agujas del reloj, recorriendo su costa oriental, y a unas
pocas millas nos habíamos topado de pronto con una vista
de la ladera meridional, que en ‐2621 había explotado y se
había derrumbado, enterrando el templo de Orithena
además de llenar y destruir un puerto de la isla al que los
primeros fisiólogos, seguidores de Cnoüs venidos de
todos los puntos del Mar de Mares, habían llegado hasta
entonces en sus galeras y barcos de vela. Era evidente que
se trataba del resultado de una explosión. La ceniza y los
restos se extendían desde la cumbre hasta el mar. La
recuperación de Ecba había sido tan lenta que, incluso
entonces, la carretera vacilaba al llegar a los restos
dispersos y a lo largo de varias millas se convertía en una
pista de tierra. No había carteles, ni edificios, ni mejoras.
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