Page 842 - Anatema - Neal Stephenson
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lugar. En muchos aspectos era como un cenobio
cartasiano. Pero no me hicieron jurar nada y tuve la
sensación de que podía salir por la puerta en cuanto
quisiese. Simplemente fingían que era un cenobio cuando
trataban con alguien que podía no comprenderlos. Ser
avotos era su tapadera. Y sin embargo no era mentira,
porque estaban tan dedicados a su trabajo como cualquier
residente de Sante Edhar. Quizá más, porque no
consentían que las reglas entorpeciesen el trabajo, ni
tampoco se sometían a los dictados de la Inquisición.
Fra Landasher me interceptó al salir del baño de chorro
y me presentó a sur Spry, una chica de más o menos mi
edad. O más bien me la volvió a presentar, porque ella era
la primera persona con la que había hablado el día anterior
en la puerta. Me recordaba, desconcertantemente, a Ala.
Entonces o nunca, me explicó Landasher, podía bajar a ver
las ruinas, porque si esperaba más haría demasiado calor.
Sur Spry sería mi guía; había preparado un cesto de
comida que podríamos tomar de camino. La expresión de
sus caras dejaba claro que esperaban que estuviese
emocionado. ¿Y no era razonable esperarlo? Sin embargo,
tuve que fingir gratitud porque realmente lo que quería
era despertar a Orolo y hablar con él de importantes
asuntos seculares.
Al no saber lo que sucedería en la puerta, el plan con
Cord, Yul, Gnel y Sammann había sido que, si me dejaban
entrar, deberían esperar una hora y, si no pasaba nada,
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