Page 839 - Anatema - Neal Stephenson
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tan grande como para tragarse varias veces la Seo de Sante
Edhar. Si nosotros habíamos levantado nuestro
monumento apilando una piedra sobre otra,
levantándonos desde el suelo, ellos se habían construido
el suyo excavando, palada a palada. Las paredes del
agujero eran demasiado inclinadas, el suelo demasiado
suelto para ser estable; lo habían contenido con losas de
ceniza compactada. Una rampa descendía en espiral hasta
el fondo. Me puse a ello, pero Orolo me retuvo.
—Te habrás dado cuenta de que ahí abajo no hay nadie.
El calor aumenta a medida que desciendes. Excavamos de
noche. Si insistes en ir de paseo, subiremos. —Hizo un
gesto hacia la montaña.
Ya sabía por las imágenes de Sammann y por la
excursión de reconocimiento del día anterior que Orithena
poseía un sistema de dos muros, uno interno y otro
externo. Coincidían siguiendo la carretera, donde se
encontraba la puerta principal. El enorme muro de veinte
pies rodeaba el Claustro donde vivían los avotos y el
agujero del suelo donde excavaban. El muro exterior era
mucho más bajo, quizá de unos seis pies, más simbólico
que otra cosa. Llegaba hasta miles de pies de altitud
subiendo por la montaña, encerrando una franja de
terreno que llegaba hasta la misma caldera del volcán. Por
la imágenes quedaba claro que allá arriba había obras de
minería, posiblemente para extraer energía del calor del
volcán. Así que supuse que haría calor, olería fatal y sería
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