Page 880 - Anatema - Neal Stephenson
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directamente sobre uno. Durante un minuto fue un
pequeño sol fijo en el cielo y lanzando en todas direcciones
rayos de aire incandescente. Luego se contrajo y se puso
naranja y luego de un rojo apagado que costaba distinguir.
Me di cuenta de que había inclinado la cabeza tan atrás
como era posible y que miraba directamente hacia arriba.
Arriesgándome a perder el objeto, bajé la barbilla y miré
a mi alrededor.
Orolo estaba a cien pies por delante, corriendo todo lo
posible.
Renuncié a seguir al objeto del cielo y fui tras él. Cuando
lo alcancé nos encontrábamos casi al borde del pozo.
—¡Han descifrado mi analema! —exclamó entre jadeos.
Nos detuvimos junto a una cuerda colocada a la altura de
la cintura para delimitar una zona alrededor del borde del
pozo y evitar que un avoto adormilado o borracho cayese
dentro. Alcé la vista y grité de sorpresa al ver encima de
nosotros algo absolutamente enorme, como una nube baja.
Pero era perfectamente circular. Comprendí que era un
paracaídas gigantesco. Las líneas convergían en una
reluciente carga roja que colgaba muy por debajo de él.
Las líneas se destensaron y el paracaídas se dobló para
luego desplazarse de lado empujado por una brisa apenas
perceptible. Lo habían soltado. El objeto al rojo vivo cayó
como una piedra, luego lanzó patas de fuego azul y, unos
segundos más tarde, se puso a sisear llamativamente alto.
Se dirigía al fondo del pozo. Orolo y yo seguimos la cuerda
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