Page 956 - Anatema - Neal Stephenson
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teníamos una entrada, pero no era la correcta. Se suponía


          que los peregrines entraban procedentes de la Puerta de

          Día, así que tuvimos que correr dando un cuarto de vuelta

          a la Seo y entrar por la más impresionante de las entradas,


          que yo habría admirado durante media hora si Tulia no

          me hubiese agarrado el cordón como si fuese una correa,

          tirando  de  mí.  Atravesamos  una  especie  de  vestíbulo  y


          llegamos a una nave tan grande que creí que volvíamos a

          estar en el exterior. En el centro había un pasillo. A tres

          cuartos del mismo vi una procesión de avotos acercándose


          lentamente al presbiterio. Tulia se quedó atrás, me dio una

          palmada en el trasero que se podría haber oído desde lo


          alto del Precipicio y susurró:

            —¡Sigue a los tipos con taparrabos! ¡Haz lo que hagan

          ellos!


            Al menos treinta cabezas se giraron para mirar; en los

          bancos había sentados algunos seculares.


            Caminé  rápido  pero  sin  correr  porque  tenía  que

          recuperar  la  respiración,  de  tal  forma  que  alcancé  a  la

          media  docena  de  «tipos  con  taparrabos»  cuando


          atravesaban  la  celosía  del  extremo  del  pasillo.

          Siguiéndolos,  me  encontré  en  la  enorme  cámara

          semicircular del presbiterio con una variopinta mezcla de


          jerarcas, un coro, los del taparrabos y otros contingentes

          de avotos.

            Prohijar  era  otro  de  nuestros  autos  cenobíticos.  Un


          programa oficial, en distintas fases del cual se ejecutaban



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