Page 973 - Anatema - Neal Stephenson
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verdad. Pero una combinación de terquedad y cálculo me
impulsaba a no darle a Lodoghir lo que quería.
Pensé en cómo había terminado la escena de Mahsht, con
el ataque de los valleros. Habían observado la situación y
considerado que era una emersión. Yo no poseía su
entrenamiento, pero reconocía una emersión cuando la
veía.
—Lo hice por mi cuenta —dije—. Y acepto las
consecuencias de mi decisión. Sabía que una de esas
consecuencias era el Anatema. Creyéndolo así llegué hasta
Orithena, donde creía que podría vivir al estilo cenobítico
aunque fuese un expulsado. Que se me haya devuelto a
Tredegarh y se me haya permitido celebrar Prohijar es una
sorpresa y un honor para mí.
El Convox se mostraba tan silencioso como invisible. Sólo
estábamos Lodoghir y yo, flotando en el espacio sobre un
trozo de plano.
Fra Lodoghir había renunciado a pillar a Jad y pasó a
blancos secundarios.
—¡La verdad es que no comprendo tu forma de pensar!
¿Dices que tu objetivo era vivir de modo cenobítico? Eso
ya lo hacías, ¿no es así? —Se volvió para mirar a la
multitud de la nave—. ¡Quizá sólo quisieses hacerlo en un
lugar más cálido!
La chanza desencadenó algunas risas, pero más allá de
las luces también aprecié una vena de indignación.
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