Page 174 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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inmensidad colosal del paisaje, se dio cuenta de que esas
enormes murallas lejanas no podían haber sido construidas
por el Hombre.
El tiempo no había logrado conquistarlo todo. ¡La
Tierra seguía teniendo montañas de las cuales podía
sentirse orgullosa!
Durante un buen rato Alvin se quedó en la boca del
túnel acostumbrándose lentamente al mundo extraño en el
que se encontraba. Miró a todas partes sin poder descubrir
el menor rastro de vida humana. Pero la carretera que
conducía hacia el pie de la colina parecía bien cuidada. No
tenía más remedio que seguirla.
Al pie de la colina, la carretera desaparecía entre
árboles tan altos que casi ocultaban el sol. Cuando Alvin
caminó bajo ellos, a su sombra, una extraña mezcla de
aromas y sonidos pareció saludarle. El sonido del viento
entre las hojas ya lo había conocido anteriormente, pero,
aparte de éste, nuevos y vagos sonidos, millares de ellos,
no decían nada a su mente. Le invadieron olores
desconocidos, aromas que ya habían desaparecido incluso
en la memoria de su raza. El agradable calor, la profusión
de olores y colores y la invisible presencia de un millón de
criaturas vivas le sacudieron con una violencia casi física.
De improviso se encontró frente a un lago. A su
derecha desaparecieron los árboles para dejar paso a una
gran extensión de agua manchada por algunas pequeñas
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