Page 176 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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bosque a circundarlo nuevamente, pero sólo durante unos
momentos. A continuación el camino desembocaba en un
gran calvero que tendría un kilómetro de anchura y el
doble de longitud. Entonces, Alvin comprendió por qué no
había visto rastro alguno de ser humano.
El calvero estaba lleno de bajos edificios de sólo dos
pisos, con sus fachadas pintadas con colores suaves que
ofrecían un dulce descanso a los ojos pese a la fuerza de los
rayos solares. Su diseño era recto, limpio, con una
tendencia a lo funcional, pero algunos de ellos estaban
construidos en un complejo estilo arquitectónico que
incluía el empleo de columnas estriadas y piedras
graciosamente labradas. En esos edificios, que parecían
muy antiguos, aún se usaba el arco ojival, tan
inconmensurablemente arcaico.
Mientras marchaba lentamente hacia el pueblo, Alvin
seguía esforzándose en adaptarse al nuevo ambiente que le
rodeaba. Nada había allí que le resultara familiar: incluso
el aire que respiraba le parecía distinto. Y las gentes altas,
de pelo dorado, que iban de un lado a otro entre los
edificios, resultaban muy distintos de los apáticos,
lánguidos y desinteresados habitantes de Diaspar.
Alvin estaba ya a punto de alcanzar el pueblo, cuando
vio a un grupo de hombres que se acercaba
intencionadamente hacia él. Sintió una repentina y
profunda excitación y la sangre latió más apresuradamente
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