Page 175 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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islas.  Jamás  en  su  vida  había  visto  Alvin  tan  grandes

         cantidades de tan precioso líquido. Caminó por las orillas

         del lago y dejó que el agua cálida acariciara sus dedos al


         deslizarse por entre ellos.

                El gran pez plateado que pasó nadando rápidamente

         bajo las aguas, fue el primer ser vivo no humano que Alvin


         viera en su vida. Alvin, sin embargo, no pudo menos que

         preguntarse  por  qué  esa  silueta  le  era  tan  familiar.  Y

         recordó acto seguido, los registros y grabaciones visuales

         que Jeserac le había mostrado cuando niño y supo dónde


         había visto antes esas líneas tan llenas de gracia. La lógica

         podría decirle que el parecido tal vez fuera sólo obra de la

         casualidad, pero semejante lógica, en esta ocasión, hubiera

         fallado.


                A través de las Edades, los artistas se habían sentido

         inspirados  por  la  singular  belleza  de  las  grandes  naves

         espaciales  que  unían  un  mundo  con  otro.  Antaño  hubo


         artesanos  que  no  se  habían  limitado  a  trabajar  sobre  el

         metal fundido o la piedra tallada, sino también con el más

         imperecedero  de  todos  los  materiales:  carne,  huesos  y

         sangre.  Pese  a  que  su  raza  y  todos  ellos  habían  sido


         olvidados  por  completo,  uno  de  sus  sueños  había

         sobrevivido a la ruina de las ciudades y al hundimiento de

         los continentes.

                Finalmente,  Alvin  se  libró  del  encanto  del  lago  y


         continuó  su  camino  por  la  sinuosa  carretera.  Volvió  el




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