Page 260 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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el cilindro con otra leve reverencia, ante lo cual, y pese a
toda su ansiedad, Alvin no pudo evitar una sonrisa.
Rorden pareció recobrado de la impresión
rápidamente, pues cuando comenzó a hablar sus palabras
tenían una entonación completamente normal.
—Al parecer el Consejo quiere tener unas palabras con
nosotros, Alvin. Temo que ya les hemos hecho esperar más
de la cuenta.
Eso exactamente era lo que Alvin había esperado. La
crisis había llegado pronto, mucho más pronto de lo que
había confiado. Pero, se dijo, no sentía el menor temor ante
el Consejo, aunque le disgustaba la interrupción que la
visita significaba en sus investigaciones. Eso le volvía loco.
Sus ojos se dirigieron, involuntariamente, hacia los dos
robots.
—Tendrás que dejarlos aquí —dijo Rorden con
firmeza.
Sus ojos se encontraron y se entendieron. Después
Alvin se volvió al Mensajero.
—Muy bien, estoy dispuesto —dijo con calma.
El grupo caminó en silencio hasta la Cámara del
Consejo. Alvin iba meditando sobre los argumentos que
debía exponer, pues hasta ese momento jamás se había
ocupado de poner en orden sus pensamientos, pensando
que pasarían años antes de tener que dar una explicación.
Se sentía más enojado que alarmado y sentía rabia contra sí
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