Page 261 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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mismo por haberse dejado llevar a una situación así, sin
estar preparado por completo para enfrentarse con ella.
Esperaron en la antesala sólo unos pocos minutos, pero
fueron lo suficientemente largos para que Alvin se
preguntara por qué, si no tenía miedo, sus piernas le
temblaban de aquel modo. Pronto las enormes puertas se
contrajeron y entraron en la Sala en la que veinte hombres
estaban sentados en torno a su famosa mesa.
Ésta, Alvin lo sabía, era la primera reunión del Consejo
en todo lo que él llevaba de vida y se sintió halagado al ver
que no había ni una silla vacía. Todos los miembros del
Consejo estaban allí, entre ellos Jeserac, lo que causó
sorpresa a Alvin que nunca había supuesto que su maestro
formara parte del Consejo. Cuando dirigió una mirada
sorprendida y curiosa a su anciano profesor, éste se agitó
nerviosamente en su silla y le dedicó una débil sonrisa
como si quisiera decirle: «Esto no tiene nada que ver
conmigo». Los demás miembros del Consejo eran personas
que Alvin había supuesto ostentaban ese importante cargo
y sólo dos de ellos le resultaban completamente
desconocidos.
El Presidente comenzó a dirigirse a ellos con voz
amistosa y, al mirar a los rostros familiares que tenía ante
sí, Alvin no pudo comprender la causa de la alarma de
Rorden. Comenzó a recuperar su confianza: Rorden, pensó,
es un poco cobarde. Con ese juicio, desde luego, no hacía
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